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En el post La educación emocional como aprendizaje en el aula, hablamos de la educación emocional en el aula como un componente crucial en el esquema del nuevo paradigma educativo. Poco a poco vemos como en las aulas se empiezan a incorporar actividades y prácticas enfocadas a trabajar las emociones, ya sea a partir de la toma de conciencia o de su regulación.

A menudo también vemos cómo en las escuelas se desarrollan dinámicas dedicadas al autoconocimiento y el autoconcepto con la intención de trabajar la autoestima de los alumnos para empoderarlos a partir de la imagen que tienen de sí mismos.

¿Cómo podemos trabajar la educación emocional en el aula?

Si realmente queremos trabajar la educación emocional en el aula de forma integral, hay que darle un papel más destacado en el currículum. Tomando como referente el modelo propuesto por el Grupo de Investigación de Orientación Pedagógica (Bisquerra y Pérez, 2007), la educación emocional se organiza en cinco competencias:

educación emocional en el aula

Será a partir de estas cinco competencias que organizaremos las actividades para trabajar la educación emocional en el aula. Pero, ¿qué implica cada una de estas competencias? ¡Vamos a verlo!

La conciencia emocional en el aula

La conciencia emocional es la capacidad de conocer y reconocer las propias emociones y las de los demás, por lo tanto, requiere de un amplio vocabulario emocional para desarrollarla.

En el momento de desarrollar la educación emocional en el aula, es importante, en primer lugar, que se trabaje y se consolide la conciencia emocional, ya que se convierte en el eje del resto de competencias. Por lo tanto, si somos maestros de las primeras etapas educativas, será muy importante esta competencia para incorporar la educación emocional en Infantil.

Si no podemos poner nombre a lo que sentimos, será más difícil saber cómo actuar cada vez que nos encontramos ante una emoción concreta.

La regulación emocional en el aula

La regulación emocional es la capacidad de gestionar eficientemente las propias emociones. Para hacerlo, hay que tomar conciencia de la relación entre la emoción, el comportamiento (voluntario e involuntario) y el pensamiento.

Por este motivo, será interesante proponer en el aula diferentes situaciones para que los alumnos, a partir de analizar, valorar y proponer formas, solucionen estas situaciones ficticias.

El ensayo previo de estas situaciones favorecerá que cuando el alumnado se encuentre inmerso en una situación que le requiera regular sus emociones pueda poner en juego las capacidades aprendidas durante estos momentos de práctica.

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La autonomía emocional en el aula

La autonomía emocional conlleva desarrollar una serie de capacidades relacionadas con la autoeficiencia emocional, entre las que se encuentran la autoestima, la automotivación, la actitud positiva frente a la vida, la responsabilidad, la resiliencia y la capacidad de autogenerar en uno mismo emociones positivas.

Por lo tanto, para fomentar esta competencia se deberán seleccionar actividades, dinámicas o juegos relacionados con el autoconocimiento y la autoestima de cada uno de los alumnos.

La competencia social en el aula

La competencia social implica dominar las habilidades sociales y de comunicación necesarias para mantener buenas relaciones con las otras personas. En esta competencia se pueden trabajar la asertividad, la empatía y la gestión de conflictos, que habrá que enfocar de forma diferente según la edad de los alumnos. Será muy importante reforzarla durante nuestras propuestas de educación emocional en Primaria, que es la etapa clave en la que la socialización con los compañeros se produce de forma persistente.

Vivimos en sociedad, por lo que, además de gestionar nuestros propios sentimientos, también debemos poder detectar cómo nos afectan los sentimientos y las acciones de los demás y, a la vez, ver cómo nuestras acciones pueden afectarles para tomar decisiones con la cabeza y el corazón.

Las habilidades para la vida y el bienestar en el aula

Por último, la última dimensión son las habilidades para la vida y el bienestar, en la que se trabaja la capacidad para afrontar satisfactoriamente los retos que nos plantea la vida, desarrollando comportamientos apropiados y responsables que nos ayudan a adquirir un mayor bienestar. Para ello, debemos aprender a fijarnos objetivos, focalizándolos, ser activos y críticos y dejarnos fluir.

Es decir, es necesario empoderar a nuestro alumnado para que tome las riendas de su vida y si algo no le satisface, poder decidir cómo y cuándo poner solución.

Esta competencia puede ser más compleja de introducir en nuestras propuestas de educación emocional en Infantil, pero no debemos perderla de vista a fin de que, si vemos a nuestro alumnado preparado para iniciarla, podamos empezar con pequeñas propuestas que luego se irán consolidando con las de educación emocional en Primaria.

Para acabar

Integrar la educación emocional en el aula favorecerá que los alumnos desarrollen su inteligencia emocional, lo que les aportará una mayor motivación que los predispondrá a actitudes más positivas, así como una mejora de las relaciones. Sin embargo, los beneficios de la educación emocional repercutirán no solo en el desarrollo emocional de la persona, sino también a una mejora de los resultados académicos.

Para aplicar la educación emocional, necesitamos previamente una base de conocimiento que nos permita desgranar cuáles son sus componentes. Esto es lo que hemos podido ver a partir de la identificación de las cinco competencias básicas, claves para trabajar de forma global la educación emocional. Ahora debemos saber cómo aplicarlas en el aula. ¿Queréis saber cómo? Lo repasamos en post de la semana que viene.

Para terminar, os dejamos con esta interesante ponencia sobre el tema que acabamos de tratar. Esperamos que os resulte interesante.

Para saber más...

Si os interesa profundizar en la educación emocional, podéis echar un vistazo a nuestro curso online de introducción a este tema.

Referencias:

  • BISQUERRA, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona. Praxis.
  • BISQUERRA, R.; PÉREZ, N. (2007). Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, p. 61-82.

Y vosotros, ¿creéis que la educación emocional debería ser un factor a introducir en la docencia en todos sus niveles? ¡Dejad vuestros comentarios a continuación!

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